
La vida puede esperar...
Nítido silencio encharcaba la distorsión escéptica del ancho de tu cuerpo, captando entre suaves soplidos todo el maravilloso color de tu piel. Un sortilegio de emociones, sensaciones y estrellas me retorcieron el aliento, y me estrellaron contra tu madurez serena, y la adicción cegó mis seis sentidos innatos. Aproveché tu paro cardiaco para correr pidiendo auxilio, y me choqué de lleno en un llanto sin salida, que ataba mi espalda a tus emociones, y me rompía con estridentes sonidos la piel para que me mordiese las uñas esperando impaciente al príncipe azul que me rescatase de ti, donde esperó mi cuerpo hasta morir de hastío, por la nobleza inútil que enfrascabas dentro de tu esencia. Y como un enamorado esperaste junto a mis pulmones, para que por arte de magia la vida volviese a mí... Mirando mis ojos envidrados abiertos, cubiertos con arena y polvo del tiempo.
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